Traductor

Mostrando entradas con la etiqueta El Garzal. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta El Garzal. Mostrar todas las entradas

viernes, 5 de agosto de 2011

SIMÓN Y MANUELA


El Garzal, a 28 de Julio de 1822
General Simón Bolívar                                                                                                                Muy señor mío:
 Aquí estoy yo, ¡Esperándole! No me niegue su presencia de usted. Sabe que me dejó en delirio y no va a irse sin verme y sin hablar… con su amiga, que lo es loca y desesperadamente.
Manuela
… aquí hay todo lo que usted soñó y me dijo sobre el encuentro de Romeo y Julieta… y exuberancias de mi misma.

miércoles, 13 de julio de 2011

SIMÓN Y MANUELA


El Garzal, a 27 de Julio de 1822
A su Excelencia General Simón Bolívar
Muy señor mío:
     Aquí hay de vivaz todo un hechizo de la hermosa naturaleza. Todo invita a cantar, a retozar; en fin, a vivir aquí. Este ambiente, con su aire cálido y delicioso, trae la emoción vibrante del olor del guarapo que llega fresco del trapiche, y me hace experimentar mil sensaciones almibaradas. Yo me digo: este suelo merece recibir las pisadas de S.E. El bosque y la alameda de entrada al Garzal, mojados por el rocío nocturno, acompañarían su llegada de usted, evocando la nostalgia de su amada Caracas. Los prados, la huerta y el jardín que esta por todas partes, servíranle de inspiración fulgurante a su amor de usted, por estar S.E dedicado casi exclusivamente a la guerra.
     Las laderas y campos brotando flores y gramíneas silvestres, que son un regalo a la vista y encantamiento del alma. La casa grande invita al reposo, la meditación y la lectura, por lo estático de su estancia. El comedor, que se inunda de luz a través de los ventanales, acoge a todos con alegría; y los dormitorios reverentes al descanso, como que ruegan por saturarse de amor…
     Los bajíos a las riberas del Garzal hacen un coloquio para desnudar los cuerpos y mojarlos sumergidos en un baño venusiano; acompañado del susurro de los guaduales próximos y del canto de los pericos y loros espantados por su propio nerviosismo. Le digo yo, que ansío de la presencia de usted aquí. Toda esta pintura es de mi  invención; así que ruego a usted que perdone mis desvaríos por mi ansiedad de usted y de verlo presente, disfrutando de todo esto que es tan hermoso.
Suya de corazón y de alma,
Manuela