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miércoles, 28 de marzo de 2012

LÍNEAS ESTRATÉGICAS DE ACCIÓN POLÍTICA


LAS LÍNEAS ESTRATÉGICAS PARA LA INDEPENDENCIA
La Revolución para la independencia y la evolución hacia la transformación del poder de las élites por el poder del pueblo se ha visto obstaculizada por los intestinos ataques (de todo tipo), del imperio y de sus lacayos que hacen vida en la República, pero el más grave obstáculo lo constituye la “cultura capitalista-rentista” que fue inoculada a la población durante décadas de dominación.
Este hecho no es ajeno al líder de la Revolución Bolivariana, y por ello su conducta incansable para la formación y transformación del hombre.
En las líneas estratégicas del PSUV, se encuentran las consideraciones planteadas y se señala el camino a seguir en el momento en que “el Imperio y sus lacayos trabajan por restituir el orden neocolonial de dominación”.
Venciendo al enemigo
supremo
Es un hecho notorio que “la Revolución Bolivariana y los gobiernos democráticos y populares reunidos en la Alianza Bolivariana para Nuestra América (ALBA) han sido amenazados directamente por la ultraderecha norteamericana, las fuerzas de ultraderecha a nivel mundial y por los terroristas del fascismo latinoamericano, en el encuentro denominado “Peligro en Los Andes”, realizado recientemente en el Capitolio Federal de los Estados Unidos”.
Ante el reconocimiento de los latentes peligros, incluidos los propios errores de la Revolución Bolivariana, el comandante Hugo Chávez, trazó la orientación general de las 3R2: Revisión, Rectificación, Reimpulso, Reunificación, Repolitización y Repolarización.
En la orientación general se reconocen los logros de la Revolución Bolivariana,  las ventajas estratégicas frente al adversario y también, un conjunto de errores, deficiencias y obstáculos que dificultan el logro del objetivo estratégico: LA CONSOLIDACIÓN DE LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA EN EL AVANCE HACIA EL SOCIALISMO.
Los revolucionarios de corazón, requieren contar con cualidades como voluntad, claridad política, formación, unidad, lealtad a los principios y disciplina para vencer la inercia y la dispersión, que implique la reafirmación del ímpetu revolucionario.
En función de esto, es impostergable la recuperación, reagrupación, rearticulación de las fuerzas dispersas, desmovilizadas y confundidas por el adversario o por los propios errores del PSUV.
Por ello, la necesidad de documentar las LÍNEAS ESTRATÉGICAS DE ACCIÓN POLÍTICA, que contiene las líneas políticas de acción para acometer las tareas por venir:
1. De la “cultura política capitalista” a la militancia socialista.
Esta “cultura capitalista” se expresa en el hecho de considerar que pertenecer a un partido equivale a “invertir” en él, a través de sus contribuciones financieras o con su trabajo militante, y que esa “inversión” debe ser “recompensada” o “remunerada” con puestos, cargos, prebendas o influencias en el Estado, en el terreno de los negocios o en el mismo partido.
No es ajeno al conocimiento del venezolano (consciente o no), que estas actitudes fueron las aprendidas durante el oscurantismo capitalista dirigido por el binomio AD y COPEI, y ahora, los revolucionarios debemos estar muy conscientes de que son esas actitudes representa el objetivo a demoler.
Dice el documento (Líneas Estratégicas de Acción Política), que ”la fortaleza de la Revolución Bolivariana se sustenta, en buena medida, en la voluntad del máximo liderazgo de la Revolución, de enfrentar esta cultura capitalista, favoreciendo el contacto directo con el pueblo, interpelándolo, pero sobre todo dejándose interpelar por él, convirtiéndose en una suerte de intérprete de las demandas y las aspiraciones populares, dándole voz a los que nunca la tuvieron y haciendo visibles a los invisibles, a los marginados, a los olvidados y explotados”.
En los últimos 2 años se pusieron en evidencia algunas fallas en el funcionamiento del PSUV, con respecto a su vinculación con la base social, siendo sus posibles causas: a) el burocratismo[1], b) el oportunismo[2], c) el sectarismo[3], d) el nepotismo[4], y e) el gradual alejamiento de la base social bolivariana.
Esa cultura (capitalista), ha sido reproducida a lo interno del Partido, y “se expresa en que algunos sectores lo conciben como un medio para el “ascenso social” de los y las militantes con responsabilidades de dirección a distintos niveles”.
Se encontró que “algunos camaradas se consideran líderes absolutos e indiscutibles en sus espacios, y asumen la discrecionalidad de excluir del Partido, y hasta de la Revolución, a quienes se atrevan a diferir o a disentir de ellos y ellas”.
Así es que el Comandante Hugo Chávez, hace el llamado para la reflexión y sobre todo para revertir los efectos perversos de estas conductas, debiendo toda la dirigencia y la militancia del Partido comprometerse en la concreción de las 3R2, desde los distintos niveles de dirección hasta la militancia de base y siempre serán las bases del Partido las protagonistas de este proceso.
2. Convertir la maquinaria en un Partido-Movimiento al servicio de las luchas del pueblo.
La Revolución Bolivariana, se desenvuelve bajo doctrinas de la paz y la democrática, y para ello se requiere que el partido, por una parte, asegure la movilización electoral, pero, principalmente: a) la formación ideológica, b) la coherencia, y c) la sincronización de las acciones populares (ofensivas y defensivas).
El Partido debe asumir el rol trascendental de convertirse en instrumento de transformación social, desde los sistemas de dirección y gestión general del país hasta la cotidianidad ciudadana.
El Partido-Movimiento y la satisfacción de las necesidades humanas:
1.- Posicionarse dentro de las masas populares, estableciendo y desplegando una amplia política de alianzas con las diversas formas de organización popular, incluyendo los sectores patrióticos y democráticos de las clases medias, apoyándolas e invitándolas a poner su talento y conocimiento al servicio de la construcción de una sociedad del buen vivir para todos y todas.
2.- El escalón fundamental de la Revolución Bolivariana se sitúa hoy en lo local (en lo municipal, en lo parroquial y especialmente en cada comunidad). Es allí, en las comunidades urbanas y rurales, donde chocan más directamente los intereses “apropiadores” y representativos de la vieja “cultura capitalista” partidista contra los esfuerzos socialistas, participativos y protagónicos populares.
Es allí donde se construye el Poder Popular, la toparquía planteada como tesis por el Maestro Simón Rodríguez.
Allí es donde se gana o se pierde la base social de apoyo a la Revolución.
3. Convertir el Partido en un poderoso medio de propaganda, agitación y comunicación.
La mejor propaganda es la imbricación de la militancia del PSUV con las masas populares.
Para una eficaz lucha cotidiana, es necesario el contacto directo y permanente con el colectivo a los fines de resolver problemas concretos, lo que determinará la manera como es percibido el Partido por el pueblo.
El Partido, con la fuerza de la que dispone, debe estar puesta al servicio de una audaz política propagandística, que al mismo tiempo, difunda de manera masiva los lineamientos tácticos y estratégicos y sirva de proceso de formación político-ideológica, pero sin perder nunca el anclaje en lo local.
La propaganda también debe girar en torno a los problemas concretos de las comunidades.
Debe entenderse la propaganda como un poderoso factor de movilización, utilizando su elaboración, reproducción y distribución como un elemento para la activación y moralización permanente de nuestras fuerzas.
4.- El PSUV como plataforma del desarrollo y fortalecimiento del Poder Popular:
El Partido debe establecer una amplia política de participación y de interpelación popular, orientada al impulso del control popular de la gestión gubernamental en todos sus niveles.
Esta política de interpelación popular es una de las tareas principales de los y las militantes del PSUV: reconocer, organizar y viabilizar las amplias demandas sociales acumuladas en nuestra sociedad, para que se encuentren soluciones sostenibles, en el marco de la lucha por la construcción del Socialismo Bolivariano.
Un partido desvinculado de las luchas del pueblo y sus demandas, es un partido que ve seriamente limitada su capacidad para servir de instrumento
motorizador de la transformación socialista de la sociedad.
Se reconoce como una cuestión de primerísimo orden, profundizar y consolidar los vínculos entre el Partido y las masas.
Para consolidar estos vínculos, es fundamental que los sectores populares se reconozcan en el Partido, es decir, el Partido no puede ser identificado como una suerte de apéndice del Estado, sino como un instrumento que acompaña al pueblo en sus luchas y en la construcción del Poder Popular.
Colectivos en acción
Círculos de Luchas Populares y del Buen Vivir deben surgir, en un primer momento, de la articulación del Partido con los movimientos sociales y organizaciones populares.
Las Bases de Patrullas y Círculos de Luchas Populares y del Buen Vivir pueden surgir como instrumentos para organizar y movilizar a las comunidades en torno a problemas específicos, en la búsqueda de su solución colectiva.
Aún donde no hay organización social a la cual pueda integrarse, las Bases de Patrullas y Círculos de Luchas Populares y del Buen Vivir, existen circunstancias comunes de penuria, necesidad y anhelos que unen a las comunidades, y que muchas veces se expresan de manera dramática y urgente. Las Bases de Patrulla y Círculos de Luchas Populares y del Buen Vivir tendrán la responsabilidad de elaborar el mapa de los conflictos y problemas sociales generados por el capitalismo o por la ineficiencia de las instituciones del Estado, así como de los proyectos propuestos por la comunidad y comenzar a desarrollar un plan de articulación con las luchas existentes y las emergentes.
Una vez acumulado un saldo mínimo organizativo, elaborarán un plan de acción que vincule a los funcionarios responsables de la gestión gubernamental en las diversas áreas con el Poder Popular.
5.- La Constitución del Gran Polo Patriótico: una audaz política de Repolarización.
En este sentido, y con base en la propuesta de construcción de un Gran Polo Patriótico que apueste por los cambios democráticos y revolucionarios de la
sociedad venezolana, rescatando el espíritu nacionalista y libertario que hace 200 años animó la lucha de pueblo venezolano para darse una Patria Soberana, se propone:
La realización de Consejos Patrióticos Bicentenarios en todos los municipios, reuniendo a la base del Partido, a los militantes de los partidos aliados, a todas las formas de organización popular revolucionaria, con el propósito de trabajar sobre los asuntos generales y específicos de todas las áreas y dominios de la vida social local.
Mujeres y hombres de nuestro pueblo, obreros y obreras, campesinos y campesinas, pescadores y pescadoras, indios e indias, afrodescendientes, estudiantes y juventud patriótica, profesionales, cultores y cultoras, soldados de la Patria, emprendedoras y emprendedores, deportistas, todas y todos, hijas e hijos de Simón Bolívar, inspirémonos en él y tengamos conciencia de que lo que hemos logrado en esta década no es sino el preludio de lo que conquistaremos en la década que comienza.
Demostremos que llevamos en la sangre y en el alma, el coraje de los Libertadores de Suramérica y démonos una Patria Soberana y Socialista donde vivamos todos con justicia, con dignidad y con bienestar.
Doscientos años después, la lucha es la misma: COLONIA O INDEPENDENCIA.


[1] Concepto bien tratado por Ernesto “Che” Guuevara.
[2] Conducta heredada de la 4ta República. Muchos recordarán las máximas de AD y COPEI: “no me pagues, ponme donde haya”, o “es un pendejo quien no roba”, sólo por mencionar dos.
[3] Conducta que identifica a la oligarquía que se agrupa en sectas, excluyendo al resto de la sociedad.
[4] Desmedida preferencia que algunos dan a sus parientes para las gracias o empleos públicos. Fue una practica muy usada por ciertos Papa para proteger y prodigar favores, dignidades, cargos y procurar altas posiciones a los suyos, a sus allegados, concretamente, a los sobrinos: ya que no era posible hablar, tratándose de los Papas de sus descendientes directos. Esa corruptela se extendió a las esferas de gobiernos civiles y militares.

sábado, 24 de marzo de 2012

EL SOCIALISMO EN ITALIA


Desde hace casi cincuenta años, el movimiento obrero revolucionario italiano ha caído en una situación de ilegalidad o de semi legalidad. La libertad de prensa, el derecho de reunión, de asociación, de propaganda, han sido prácticamente suprimidos. La formación de los cuadros dirigentes del proletariado no puede realizarse, pues, por la vía y con los métodos que eran tradicionales en Italia hasta 1921. Los elementos obreros más activos son perseguidos, son controlados en todos sus movimientos, en todas sus lecturas; las bibliotecas obreras han sido incendiadas o eliminadas de otra manera; las grandes organizaciones y las grandes acciones de masa ya no existen, no pueden organizarse. Los militantes no participan plenamente o sólo en medida muy limitada en las discusiones y en el contraste de ideas; la vida aislada o las reuniones irregulares de pequeños grupos clandestinos, el hábito que puede crearse en una vida política que en otros tiempos parecía excepción, suscitan sentimientos, estados de ánimo, puntos de vista que son con frecuencia erróneos e incluso a veces morbosos.
Los nuevos miembros que el Partido gana en tal situación, evidentemente hombres sinceros y de vigorosa fe revolucionaria, no pueden ser educados en nuestros métodos de amplia actividad, de amplias discusiones, del control recíproco que es propio de los periodos de democracia y de legalidad. Se anuncia así un periodo muy grave: la masa del Partido habituándose, en la ilegalidad a no pensar en otra cosa que en los medios necesarios para escapar al enemigo, habituándose a ver posible y organizable inmediatamente sólo acciones de pequeños grupos, viendo cómo los dominadores aparentemente habían vencido y conservan el poder con el empleo de minorías armadas y encuadradas militarmente, se aleja insensiblemente de la concepción marxista de la actividad revolucionaria del proletariado, y mientras parece radicalizarse por el hecho de que a menudo se anuncian propósitos extremistas y frases sanguinolentas, en realidad se hace incapaz de vencer al enemigo. La historia de la clase obrera, especialmente en la época que atravesamos, muestra cómo este peligro no es imaginario. La recuperación de los partidos revolucionarios, tras un periodo de ilegalidad, se caracteriza con frecuencia por un irrefrenable impulso a la acción, por la ausencia de toda consideración de las relaciones reales de las fuerzas sociales, por el estado de ánimo de las grandes masas obreras y campesinas, por las condiciones del armamento, etc. Así, a menudo ha ocurrido que el Partido revolucionario se ha hecho destrozar por la reacción aún no disgregada y cuyas reservas no habían sido debidamente justipreciadas, entre la indiferencia y la pasividad de las amplias masas, que, después de todo periodo reaccionario, se vuelven muy prudentes y son fácilmente presa del pánico cada vez que se amenaza con la vuelta a la situación de la que acaban de salir.
Es difícil, en líneas generales, que tales errores no se cometan; por eso, el Partido tiene que preocuparse de ello y desarrollar una determinada actividad que especialmente tienda a mejorar su organización, a elevar el nivel intelectual de los miembros que se encuentren en sus filas en el periodo del terror blanco y que están destinados a convertirse en el núcleo central y más resistente a toda prueba y a todo sacrificio del Partido, que guiará la revolución y administrará al Estado proletario.
El problema aparece así más amplio y complejo. La recuperación del movimiento revolucionario y especialmente su victoria, lanzan hacia el Partido una gran masa de nuevos elementos. Estos no pueden ser rechazados, especialmente si son de origen proletario, ya que precisamente su adhesión es uno de los signos más reveladores de la revolución que se está realizando; pero el problema que se plantea es el de impedir que el núcleo central del Partido sea sumergido y disgregado por la nueva arrolladora ola. Todos recordamos lo que ha ocurrido en Italia, después de la guerra, en el Partido Socialista. El núcleo central, constituido por camaradas fieles a la causa durante el cataclismo, se restringe hasta reducirse a unos 16.000. En el Congreso de Liorna estaban representados 220.000 miembros, es decir, que existían en el Partido 200.000 adherentes después de la guerra, sin preparación política, ayunos o casi de toda noción de doctrina marxista, fácil presa de los pequeños burgueses declamadores y fanfarrones que constituyeron en los años 1919-1920 el fenómeno del maximalismo. No carece de significado que el actual jefe del Partido Socialista y director de Avanti sea el propio Pietro Nenni, entrado en el Partido Socialista después de Liorna, pero que resume y sintetiza en sí mismo toda la debilidad ideológica y el carácter distintivo del maximalismo de la posguerra. Sería realmente delictivo que en el Partido Comunista se verificase con respecto al periodo fascista lo que ha ocurrido en el Partido Socialista respecto al periodo de la guerra; pero esto sería inevitable, si nuestro Partido no tuviera una línea a seguir también en este terreno, si no procurase a tiempo reforzar ideológica y políticamente sus actuales cuadros y sus actuales miembros, para hacerlos capaces de contener y encuadrar masas aún más amplias sin que la organización sufra demasiadas sacudidas y sin que la figura del Partido sea cambiada.
Hemos planteado el problema en sus términos prácticos más inmediatos. Pero tiene una base que es superior a toda contingencia inmediata.
Nosotros sabemos que la lucha del proletariado contra el capitalismo se desenvuelve en tres frentes: el económico, el político y el ideológico. La lucha económica tiene tres fases: de resistencia contra el capitalismo, esto es, la fase sindical elemental; de ofensiva contra el capitalismo para el control obrero de la producción; de lucha para la eliminación del capitalismo a través de la socialización. También la lucha política tiene tres fases principales: lucha para contener el poder de la burguesía en el Estado parlamentario, es decir, para mantener o crear una situación democrática de equilibrio entre las clases que permita al proletariado organizarse y desarrollarse; lucha por la conquista del poder y por la creación del Estado obrero, es decir, una acción política compleja a través de la cual el proletariado moviliza en torno a sí todas las fuerzas sociales anticapitalistas (en primer lugar la clase campesina), y las conduce a la victoria; fase de la dictadura del proletariado organizado en clase dominante para eliminar todos los obstáculos técnicos y sociales, que se interpongan a la realización del comunismo.
La lucha económica no puede separarse de la lucha política, y ni la una ni la otra pueden ser separadas de la lucha ideológica.
En su primera fase sindical, la lucha económica es espontánea, es decir, nace ineluctablemente de la misma situación en la que el proletariado se encuentra en el régimen burgués, pero no es por sí misma revolucionaria, es decir, no lleva necesariamente al derrocamiento del capitalismo, como han sostenido y continúan sosteniendo con menor éxito los sindicalistas. Tanto es verdad, que los reformistas y hasta los fascistas admiten la lucha sindical elemental, y más bien sostienen que el proletariado como clase no debiera realizar otra lucha que la sindical. Los reformistas se diferencian de los fascistas solamente en cuanto sostienen que si no el proletariado como clase, al menos los proletarios como individuos, ciudadanos, deben luchar también por la democracia burguesa; en otras palabras, luchar sólo para mantener o crear las condiciones políticas de la pura lucha de resistencia sindical.
Puesto que la lucha sindical se vuelve un factor revolucionario, es menester que el proletariado la acompañe con la lucha política, es decir, que el proletariado tenga conciencia de ser el protagonista de una lucha general que envuelve todas las cuestiones más vitales de la organización social, es decir, que tenga conciencia de luchar por el socialismo. El elemento "espontaneidad" no es suficiente para la lucha revolucionaria, pues nunca lleva a la clase obrera más allá de los límites de la democracia burguesa existente. Es necesario el elemento conciencia, el elemento "ideológico", es decir, la comprensión de las condiciones en que se lucha, de las relaciones sociales en que vive el obrero, de las tendencias fundamentales que operan en el sistema de estas relaciones, del proceso de desarrollo que sufre la sociedad por la existencia en su seno de antagonismos irreductibles, etcétera.
Los tres frentes de la lucha proletaria se reducen a uno sólo, para el Partido de la clase obrera, que lo es precisamente porque asume y representa todas las exigencias de la lucha general. Ciertamente, no se puede pedir a todo obrero de la masa tener una completa conciencia de toda la compleja función que su clase está resuelta a desarrollar en el proceso de desarrollo de la humanidad, pues eso hay que pedírselo a los miembros del Partido. No se puede proponer, antes de la conquista del Estado, modificar completamente la conciencia de toda la clase obrera; sería utópico, porque la conciencia de la clase como tal se modifica solamente cuando ha sido modificado el modo de vivir de la propia clase, esto es, cuando el proletariado se convierta en clase dominante, tenga a su disposición el aparato de producción y de cambio y el poder estatal. Pero el Partido puede y debe en su conjunto representar esta conciencia superior; de otro modo, aquel no estaría a la cabeza, sino a la cola de las masas, no las guiaría, sino que sería arrastrado. Por ello, el Partido debe asimilar el marxismo y debe asimilarlo en su forma actual, como leninismo.
La actividad teórica, la lucha en el frente ideológico, se ha descuidado siempre en el movimiento obrero italiano. En Italia, el marxismo (por influjo de Antonio Labriola) ha sido más estudiado por los intelectuales burgueses para desnaturalizarlo y adecuarlo al uso de la política burguesa, que por los revolucionarios. Así hemos visto en el Partido Socialista Italiano convivir juntas pacíficamente las tendencias más dispares, hemos visto como opiniones oficiales del Partido las concepciones más contradictorias. Nunca imaginó la dirección del Partido que para luchar contra la ideología burguesa, para liberar a las masas de la influencia del capitalismo, fuera menester ante todo difundir en el Partido mismo la doctrina marxista y defenderla de toda contra fracción. Esta tradición por lo menos no ha sido interrumpida de modo sistemático y con una notable actividad continuada.
Se dice, sin embargo, que el marxismo ha tenido mucha suerte en Italia y en cierto sentido esto es cierto. Pero también es cierto que tal fortuna no ha ayudado al proletariado, no ha servido para crear nuevos medios de lucha, no ha sido un fenómeno revolucionario. El marxismo, o algunas afirmaciones separadas de los escritos de Marx, ha servido a la burguesía italiana para demostrar que por la necesidad de su desarrollo era necesario prescindir de la democracia, era necesario pisotear las leyes, era necesario reírse de la libertad y de la justicia; es decir, se ha llamado marxismo, por los filósofos de la burguesía italiana, la comprobación que Marx ha hecho de los sistemas que la burguesía empleará, sin necesidad de recurrir a justificaciones... marxistas, en su lucha contra los trabajadores. Y los reformistas, para corregir esta interpretación fraudulenta, se han hecho democráticos, se han convertido en los turiferarios de todos los santos consagrados del capitalismo. Los teóricos de la burguesía italiana han tenido la habilidad de crear el concepto de la "nación proletaria" y que la concepción de Marx debía aplicarse a la lucha de Italia contra los otros Estados capitalistas, no a la lucha del proletariado italiano contra el capitalismo italiano; los "marxistas" del Partido Socialista han dejado pasar sin lucha estas aberraciones, que fueron aceptadas por uno, Enrico Ferri, que pasaba por un gran teórico del socialismo. Esta fue la fortuna del marxismo en Italia: que sirvió de perejil para todas las indigestas salsas que los más imprudentes aventureros de la pluma han querido poner en venta. Marxistas de esta guisa han sido Enrico Ferri, Guillermo Ferrero, Achille Loria, Paolo Orano, Benito Mussolini...
Para luchar contra la confusión que se ha creado de esta manera, es necesario que el Partido intensifique y haga sistemática su actividad en el campo ideológico, que se imponga como un deber de los militantes el conocimiento de la doctrina del marxismo-leninismo, al menos en sus términos más generales.
Nuestro Partido no es un partido democrático, al menos en el sentido vulgar que comunmente se da a esta palabra. Es un Partido centralizado nacional e internacionalmente. En el campo internacional, nuestro Partido es una simple sección de un partido más grande, de un partido mundial. ¿Qué repercusiones puede tener y ya ha tenido este tipo de organización, que también es una necesidad de la revolución? La propia Italia se da una respuesta a esta pregunta. Por reacción a la costumbre establecida por el Partido Socialista, en el que se discutía mucho y se resolvía poco, cuya unidad por el choque continuo de las fracciones, de las tendencias y con frecuencia de las camarillas personales se rompía en una infinidad de fragmentos desunidos, en nuestro Partido se había terminado con no discutir ya nada. La centralización, la unidad de dirección y unidad de concepción se había convertido en un estancamiento intelectual. A ello contribuyó la necesidad de la lucha incesante contra el fascismo, que verdaderamente desde la fundación de nuestro Partido había ya pasado a su fase activa y ofensiva, pero contribuyeron también las erróneas concepciones del Partido, tal como son expuestas en las "Tesis sobre la táctica" presentadas al Congreso de Roma. La centralización y la unidad se concebían de modo demasiado mecánico: El Comité Central, y más bien el Comité Ejecutivo era todo el Partido, en lugar de representarlo y dirigirlo. Si esta concepción fuera permanentemente aplicada, el Partido perdería su carácter distintivo político y se convertiría, en el mejor de los casos, en un ejército (y un ejército de tipo burgués); perdería lo que es su fuerza de atracción, se separaría de las masas. Para que el Partido viva y esté en contacto con las masas, es menester que todo miembro del Partido sea un elemento político activo, sea un dirigente. Precisamente para que el Partido sea fuertemente centralizado, se exige un gran trabajo de propaganda y de agitación en sus filas, es necesario que el Partido, de manera organizada, eduque a sus militantes y eleve su nivel ideológico. Centralización quiere decir especialmente que en cualquier situación, incluso en estado de sitio reforzado, incluso cuando los comités dirigentes no pueden funcionar por un determinado periodo o fueran puestos en condiciones de no estar relacionados con toda la periferia, todos los miembros del Partido, cada uno en su ambiente, se hallen en situación de orientarse, de saber extraer de la realidad los elementos para establecer una orientación, a fin de que la clase obrera no se desmoralice sino que sienta que es guiada y que puede aún luchar. La preparación ideológica de la masa es, por consiguiente, una necesidad de la lucha revolucionaria, es una de las condiciones indispensables para la victoria.

Escrito: En mayo de 1925.
Primera Edición: Aparecido en "Lo Stato Operaio" de Marzo-abril de 1931.
Digitalización: Aritz, setiembre de 2000.
Edición Digital: Marxists Internet Archive, 2000.
Omar Montilla - Choroní, Edo. Aragua, VENEZUELA omar1montilla@gmail.comDescripción: https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1708784878724968377-3896815763951533210?l=www.gramscimania.info.ve
Ver también http://civilizacionsocialista.blogspot.com/2011/11/procesos-revolucionarios.html

domingo, 15 de enero de 2012

REFORMA A LA LEY ORGÁNICA DEL TRABAJO


LAS DOS POSICIONES ANTAGÓNICA FRENTE A LA PROPUESTA DE REFORMA DE LA LEY ORGÁNICA DEL TRABAJO: LA POSICIÓN DEL CAPITALISMO OPOSITOR Y LA DEL SOCIALISMO PATRIO

En este momento, las opiniones en torno a la reforma de la Ley Orgánica del Trabajo (LOT) se dividen en dos bandos: los que la adversan y señalan que no es pertinente hacerla en época de elecciones,  y los que la defienden y aseguran que hay que adecuarla a la Venezuela  de ahora, que atraviesa por un proceso revolucionario.
El profesor de Derecho del Trabajo, de la Escuela de Derecho de la UCV, León Arismendi,  asegura que discutir una reforma a la Ley Orgánica del Trabajo en año electoral "es absolutamente inconveniente para todo el mundo, ya que los cambios legislativos en materia laboral deben hacerse con objetividad, mucho más cuando el proponente es un candidato presidencial, lo que nos lleva a pensar que este tiene un interés electoral en sacar provecho".
El diputado Francisco Torrealba (Psuv), miembro de la comisión presidencial encargada de redactar la ley, contesta: "Los que dicen que la nueva Ley Orgánica del Trabajo se va a realizar en un año electoral son los mismos que siempre se han opuesto a las reformas de esta ley. No pareciera que son habitantes de este país, pues es un clamor de los trabajadores. Nadie, en su sano juicio, puede oponerse a la LOT".
Arismendi discrepa, asimismo, del contenido ideológico de la reforma, lo que le agrega un sesgo a la discusión. "Los proponentes de la nueva Ley del Trabajo dicen que debe adecuarse o estar adaptada a la transición, hacia el socialismo, y eso no está en la Constitución actual".
El diputado Torrealba rebate este argumento: "Puedo decir que no tiene un sesgo, sino un alto contenido ideológico socialista, de transformación y justicia social que posibilita que se genere un texto hacia la transición  para evitar la explotación capitalista que se ha hecho del trabajador".