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miércoles, 31 de diciembre de 2014

AS AMERICAN CAPTIVES DIE WHILE OTHERS WALK FREE, IS EEUU. HOSTAGE POLICY COSTING CITIZENS’ LIVES?

In a year that saw the brutal televised beheading of Western journalists and aid workers by the Islamic State, the United States is facing calls to change a hostage policy that may have undermined chances to save their lives. Journalists James Foley and Steven Sotloff, as well as aid worker Peter Kassig, were all beheaded after being kidnapped by ISIS in Syria. Luke Somers, a photojournalist, was killed in Yemen this month during a failed U.S. rescue mission. Family members of the hostages have criticized U.S. government policy of refusing to engage with their captors, including the payment of ransom. Meanwhile, at least 15 hostages also kidnapped by ISIS in Syria have walked free. That’s because their governments — all but one European — have negotiated and paid millions of dollars to win their release. But not only does the United States refuse to negotiate or pay ransoms to captors, it has threatened the hostages’ families with prosecution if they try to do so on their own. We host a roundtable discussion with three guests: Philip Balboni, president and CEO of GlobalPost, where Foley was a freelance reporter when he was taken hostage in 2012; Gary Noesner, former chief of the FBI’s Crisis Negotiation Unit; and Sarah Shourd, who was was held prisoner by Iran for 410 days before ultimately being released in a deal brokered by Oman.

Tomado de http://www.democracynow.org/2014/12/30/as_american_captives_die_while_others# el 31 de diciembre de 2014

jueves, 6 de junio de 2013

EJERCITO SIRIO CONTROLÓ TOTALMENTE LA CIUDAD DE AL QUSEIR


El anuncio de que el Ejército gubernamental sirio logró controlar totalmente la ciudad de Al Quseir, un importante bastión rebelde, ha sido descrito por algunos expertos como "una bofetada para los poderosos EEUU".
Esta es la opinión de la analista independiente Conchetta Dellavernia, quien asegura que EEUU, junto con la OTAN, Israel y la Liga Árabe, "eran los que mantenían a ese grupo de terroristas", haciendo referencia a los cerca de 3.000 rebeldes que se enfrentaron al Ejército en una ofensiva que duró tres semanas.Por su parte, los rebeldes sirios anunciaron que se están preparando para llevar el conflicto al Líbano con el fin de enfrentarse a Hezbolá, que colaboró con las fuerzas gubernamentales en la retoma de Al Quseir.
Ante este panorama, Dellavernia aseguró que esto serviría para "liberar a la humanidad de musulmanes suníes extremistas", ya que Hezbolá los derrotaría "igual que ha derrotado a Israel en dos ocasiones".

"Si quieren guerra en el Líbano, pues que va...

sábado, 21 de abril de 2012

EL SANEAMIENTO O LA ANIQUILACIÓN DE EEUU


EL SANEAMIENTO
Luis Bilbao
Periodista Argentino
Estados Unidos y la Unión Europea están articulando una nueva ofensiva global estratégica, análoga a la aplicada exitosamente desde los primeros años de los 1980. Conscientes de la gravedad de la crisis capitalista en el corazón mismo del sistema, los estrategas del imperialismo acometen el objetivo de sanear en profundidad el mecanismo trabado en la esperanza de reanudar la marcha. Por detrás hay una teoría y un plan, pese a marcados desacuerdos que dificultan su aplicación metódica.
Analogía no es identidad. Entonces había hegemonía neta en el mundo capitalista. Hoy no. La victoria expresada en la recomposición del G-20 en 1998 no alcanza para actuar de manera homogénea frente a la crisis.
Además, a diferencia del contraataque personificado por Margaret Thatcher y Ronald Reagan, esta vez el concepto global alude sólo al carácter planetario del proyecto. Centra con exclusividad en la economía y la geopolítica, sin apoyo ni proyección deliberada y sistemática en la cultura y la religión, como fuera el caso de aquella estrategia abarcadora, luego reducida en su interpretación banal a clichés tales como “Consenso de Washington” y “neoliberalismo”.
¿Qué significa sanear el sistema? En último análisis, restaurar la tasa de ganancia y destruir la mercancía excedente. Eso supone suprimir las conquistas económicas y sociales obtenidas por las masas explotadas a lo largo del siglo XX (esto es, reducir el salario directo e indirecto de los trabajadores, llave maestra para restaurar la tasa de ganancia); imponer la baja de precios a las materias primas; recomponer el esquema de alianzas internacionales poniendo en caja a los países subordinados; alcanzar un quimérico “nuevo orden internacional” (dado por hecho tras la caída de la Unión Soviética y revelado a la vuelta de pocos años como formidable descontrol planetario); y, ante todo, detener la marcha de la revolución allí donde ésta asome, sea cual sea su naturaleza, si va contra el orden imperial y sus exigencias actuales.
Hay que agregar, para marcar la diferencia, la agudización sin precedentes de la crisis y, en consecuencia, de la lucha interimperialista por los mercados en la fase abruptamente declinante de la demanda.
Ajuste y guerra
En los 1980 las contradicciones intercapitalistas estaban sobredeterminadas por la existencia de la Unión Soviética y una avanzada revolucionaria antimperialista (derrota estadounidense en Vietnam, victoria insurgente en Angola, Mozambique y Cabo Verde, revolución en Granada y Nicaragua, derrocamiento del Sha en Irán). Hoy no hay un sector del mundo por fuera de las leyes del mercado. Por lo mismo, la crisis es global, se expresa con mayor agudeza en las economías más poderosas y es allí donde debe ser atacada.
Es lo que está a la vista en la Unión Europea y Estados Unidos. Aún no hay una respuesta social a la medida de la agresión de los planes de saneamiento. Pero grandes luchas están ya en marcha.
No obstante, lo que se manifiesta sin tapujos en Grecia, Portugal, Irlanda, Italia, España, Gran Bretaña y de manera apenas disimulada en Francia, Alemania y Estados Unidos, es decir, el choque frontal del gran capital con la clase trabajadora, no agota la estrategia de saneamiento. La invasión a Libia y la dinámica de aniquilación y ocupación contra Siria e Irán es el otro costado de aquella embestida global: la guerra. Se trata de destruir el valor, alimentar el complejo militar-industrial, someter pueblos y gobiernos rebeldes.
No se limita a Medio Oriente la política imperial que determina esta dinámica. El informe del pasado 6 de marzo ante la comisión de las Fuerzas Armadas de la Cámara de Representantes estadounidense del general Douglas Fraser, jefe del Comando Sur del ejército, más que provocación es anuncio, y atañe a América Latina. En Cuba, Venezuela, Bolivia y Haití, dijo Fraser, pueden presentarse “turbulencias geopolíticas”. Agregó el profeta que el Comando Sur continúa “tomando en serio la actividad iraní en la región y vigilando de cerca sus actividades”. E informó a los diputados que sus fuerzas están prontas para actuar, dado que las turbulencias previstas podrían “impactar sobre ciudadanos y militares estadounidenses en la región”.
Se los detiene o llevarán la guerra a todo el orbe; sin excluir sus propios países.
Condiciones
No habrá manera de frenar esta ofensiva global estratégica desde posiciones intermedias. Ahí está la lección de los 1980 y su colofón en los 1990. Por eso no yerra el Pentágono al preparar el Comando Sur para una agresión contra los países del Alba. A escala internacional, la contraparte estratégica del saneamiento capitalista es el socialismo del siglo XXI propuesto por el Alba. Las posiciones intermedias serán arrasadas.
Un conjunto de países de diferente rango en Europa, Asia, África y América Latina ensaya posiciones de relativa independencia respecto de los centros imperialistas. Ocurre que la mayoría de ellos integra el G-20 y se ha comprometido con la respuesta económica del gran capital. Esa dualidad tiene corta vida. La ofensiva, timoneada desde Washington y Bruselas la acortará aún más. Se agotó el recurso equívoco del keynesianismo, camuflado de “progresismo”. El nudo comienza a ahorcar. Uno de los extremos de la cuerda está en manos del gran capital transnacional. El otro, en las de los trabajadores. Para sobrevivir y dar batalla, es preciso ponerse de uno u otro lado sin ambigüedades. O dejarse morir, con pena y sin gloria.
Todos los gobiernos que resistan el acoso imperial se encontrarán de un modo u otro en las múltiples formas de frente único tejiéndose actualmente a escala mundial. Al límite, sin embargo, no hay bloque internacional, por poderoso que sea, capaz de sostener un gobierno bajo fuego que no tiene el apoyo de su propio pueblo. Y éste no se sustenta con políticas de ajuste dictadas por la exigencia inapelable del capital.
El autor es director de la revista América XXI
Tomado de http://www.psuv.org.ve/?p=31399, el 21.04.2012